Dar siempre más de lo que recibo: el desequilibrio afectivo
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Hay un resentimiento que se instala en silencio. No después de un conflicto, ni después de una traición: simplemente por la acumulación progresiva de la sensación de que uno da, se adapta, hace esfuerzos, y el otro… no hace lo mismo. De ser quien se acuerda del cumpleaños, quien gestiona los momentos difíciles, quien cede más a menudo, quien está ahí cuando las cosas van mal, y de que eso no es recíproco.
En el artículo que sigue, abordo la comunicación en la pareja. Si se reconoce en este tema, he diseñado un test de comunicación de pareja que permite hacer un balance de sus patrones de comunicación en pareja. Se acompaña de una guía para prolongar la reflexión más allá de los resultados. Para tener en cuenta: también pongo a su disposición ScanMyLove, una herramienta que analiza las conversaciones de pareja a partir de una simple exportación, para comprender mejor la dinámica de una relación.
Esta sensación es una de las más frecuentes en las parejas consolidadas. Y una de las más difíciles de abordar, porque se parece a una acusación y porque uno no quiere llevar la cuenta. Salvo que la lleva igualmente. Y que, en algún momento, esas cuentas pesan.
De dónde viene la sensación de desequilibrio
El desequilibrio real
Existen relaciones en las que la reciprocidad está realmente ausente o es profundamente asimétrica. Un miembro de la pareja aporta la mayor parte del apoyo emocional, de la organización, del esfuerzo relacional. El otro recibe sin devolver, o devuelve poco, sin ser consciente de ello.
Ese desequilibrio puede haberse instalado poco a poco —por inercia, porque a uno le resulta más natural cuidar del otro, porque los papeles se repartieron sin haber sido realmente elegidos—. También puede reflejar una asimetría más profunda en las necesidades o en los valores de ambas personas.
La percepción sesgada
Pero la sensación de darlo todo también puede estar parcialmente deformada por sesgos de percepción. Tendemos a recordar mejor nuestros propios esfuerzos que los del otro, porque estamos dentro de nuestra propia experiencia, por definición. El otro hace cosas que no vemos, o que consideramos normales cuando es él quien las hace.
No es motivo para descartar la sensación. Pero sí lo es para no tomarla como una verdad absoluta sin haberla examinado.
La relación con las expectativas
Una tercera fuente de desequilibrio percibido es la diferencia de expectativas. Se puede esperar del otro algo que él o ella nunca dijo que fuera a dar, o que da de otra manera. Esperábamos palabras y ofrece actos. Esperábamos presencia y ofrece espacio. El cuidado está ahí, pero en un idioma que no reconocemos.
Gary Chapman, en su modelo de los «lenguajes del amor», describe exactamente este fenómeno: dos personas pueden quererse profundamente y sentirse no queridas porque expresan y reciben el amor de forma distinta.
Lo que dice el resentimiento
El resentimiento es una señal. Dice que una necesidad no está cubierta: de reconocimiento, de reciprocidad, de equidad. No dice necesariamente que el otro sea egoísta ni que la relación sea tóxica. Dice que hay algo que examinar y que nombrar.
El resentimiento no expresado tiende a acumularse y a filtrar todos los momentos de la relación. Uno empieza a ver al otro a través de él: sus esfuerzos se minimizan, sus carencias se amplifican. Y poco a poco va construyendo una distancia que ninguno de los dos comprende del todo.
Cómo abordar el desequilibrio
El primer paso: comprobar antes de reprochar
Antes de formular un reproche, puede ser útil hacerse algunas preguntas honestas: ¿He expresado con claridad lo que necesitaba? ¿Reconozco lo que el otro hace, aunque sea distinto de lo que yo espero? ¿Hay formas de dar del otro que no estoy contabilizando?
Estas preguntas no pretenden invalidar lo que se siente: pretenden asegurarse de que se está hablando del mismo problema que se está sintiendo.
Nombrar sin acusar
La conversación sobre la equidad afectiva es difícil precisamente porque se parece muy fácilmente a un juicio. Yo doy más que tú es un ataque. Me siento a menudo solo en los esfuerzos de la relación, necesito que hablemos de ello es una apertura.
La forma de la conversación determina muchas veces lo que esa conversación produce.
Cuando el desequilibrio es estructural
Si, después de haber examinado y nombrado, el desequilibrio persiste —si el otro no escucha, no reconoce, no intenta ajustarse—, se trata de una información importante sobre la relación misma. Algunas asimetrías no son coyunturales. Son constitutivas de una manera de estar en relación.
En esos casos, un acompañamiento terapéutico puede ayudar a ver con claridad lo que ocurre y a tomar decisiones informadas.
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