Un balance en profundidad para comprender mejor sus puntos fuertes, sus puntos de atención y los vínculos entre las diferentes dimensiones de su perfil.
Este balance explora 5 dimensiones
Atención · Hiperactividad · Impulsividad · Impacto escolar · Disposición al cambio
Su informe no se limita a puntuaciones aisladas. También pone de relieve los contrastes y los vínculos entre sus resultados para ofrecer una lectura más personal de su perfil.
Hola Lucía,
El perfil general de su hijo/a, según sus respuestas, muestra un nivel moderado de señales, con una inquietud motriz y un impacto escolar que sobresalen (ambos al 50%). Esto sugiere un niño o niña con un nivel de energía elevado que podría estar interfiriendo en el ámbito académico, aunque la atención y el control de impulsos se mantienen relativamente preservados (25%). Esta combinación no encaja del todo con un TDAH de tipo combinado, sino más bien con una hiperactividad simple o quizás un temperamento activo. La baja disposición al cambio que usted manifiesta (25%) refleja una actitud prudente: no ve motivos para alarmarse, y eso es coherente con la intensidad moderada de las señales. Como madre, su papel de observadora atenta es ya un primer paso valioso. Conviene recordar que un cuestionario de cribado no diagnostica; si más adelante las dificultades persistieran o aumentaran, una consulta con un psicólogo infantil podría ayudar a esclarecer la situación. Mientras tanto, las estrategias centradas en la regulación de la energía y la colaboración familia-escuela pueden ser suficientes para apoyar a su hijo/a. Usted tiene la sensibilidad para captar matices, como muestra el hecho de que haya distinguido entre agitación e impulsividad. Confíe en su intuición y siga observando sin presión.
Es posible que su baja disposición al cambio refleje un estado de agotamiento que, combinado con el pensamiento dicotómico, la lleve a percibir las dificultades escolares de su hijo/a como fracasos totalizadores, cuando en realidad las señales de inatención y agitación podrían estar respondiendo a factores pasajeros como el estrés. Este cruce sugiere que, al atender primero esa sensación de bloqueo que emerge de su reacción polivagal mixta, usted podría empezar a experimentar, sin presión, pequeños ajustes que le devuelvan la confianza en su capacidad de influir positivamente en el día a día.
Resultado global
Algunas señales reportadasSus respuestas (37%) revelan algunas señales, sin un patrón sistemático.
Algunas señales reportadas
4 dimensiones por reforzar, 1 fortaleza
5 dimensiones · Informe personalizado
Abra las diferentes secciones para descubrir cómo un mismo perfil puede analizarse desde varios ángulos. Su informe personal retomará esta lógica de análisis a partir de sus propias respuestas.
Sus respuestas (25%) sugieren algunas señales de falta de atención en su hijo/a, sin que parezca masivo o sistemático.
Los resultados sugieren que, en su hijo/a, la capacidad de atención se conserva en gran medida. Las pocas señales de falta de atención que usted reporta (25%) pueden aparecer en situaciones específicas, como cuando está cansado/a o poco motivado/a. Comparado con la inquietud motriz (50%), la atención parece más estable, lo que es un recurso importante.
Sin embargo, es valioso identificar esos momentos para comprender si están relacionados con el entorno escolar o con otros factores. Dado que el impacto escolar es moderado, cabe preguntarse si esas pequeñas dificultades atencionales contribuyen, aunque probablemente no sean el factor principal.
Recomendaciones y ejercicios concretos
Sus respuestas (50%) sugieren algunas señales de agitación, sin que parezca sistemático.
La inquietud motriz es la dimensión que más destaca en sus observaciones (50%). Esto podría indicar que su hijo/a tiene un nivel de energía más alto que el promedio, lo que no es necesariamente patológico. Es frecuente que niños y niñas activos necesiten más movimiento, y la agitación puede aumentar en contextos de sobreestimulación, aburrimiento o cansancio.
Dado que la impulsividad y la falta de atención no son prominentes, es posible que esta hiperactividad no vaya acompañada de las dificultades de autorregulación típicas de un TDAH combinado, sino que sea una expresión de su temperamento. Aun así, si esta energía interfiere en lo escolar (50% de impacto), merece atención. Usted puede explorar si su hijo/a logra calmarse en entornos tranquilos o después de hacer ejercicio, lo cual sería una señal alentadora.
Recomendaciones y ejercicios concretos
Sus respuestas (25%) sugieren algunas señales de impulsividad, sin que parezca sistemático.
El control de impulsos aparece relativamente conservado (25%), lo que constituye un punto fuerte. Su hijo/a parece capaz de pensar antes de actuar en la mayoría de las ocasiones. Esta capacidad de freno puede ser un factor protector frente a los riesgos que a veces conlleva la hiperactividad.
Dado que la agitación está presente, pero la impulsividad es baja, su hijo/a podría estar manifestando inquietud física sin perder el control de sus acciones. Esto sugiere que, con las estrategias adecuadas, puede aprender a modular su energía. Refuerce esta habilidad valorando los momentos en que logra esperar o calmarse, ya que ello contribuye a su autoconcepto positivo.
Recomendaciones y ejercicios concretos
Sus respuestas (50%) sugieren algunas repercusiones en la escolaridad de su hijo/a.
Usted percibe un impacto escolar moderado (50%), lo que indica que las dificultades de su hijo/a en el colegio le preocupan. Dado que la atención y la impulsividad no están muy afectadas, es posible que este impacto esté más vinculado a la inquietud motriz o a aspectos del entorno educativo, como la metodología o la relación con los compañeros. A veces, niños y niñas muy activos necesitan más pausas o metodologías más dinámicas.
Por otro lado, un 25% de señales de falta de atención podría ser suficiente para generar algunos tropiezos en tareas largas. Sería útil contrastar su percepción con la del docente, porque el comportamiento puede variar según el contexto. Recuerde que un test de cribado no sustituye una evaluación psicopedagógica completa, pero sí puede orientar el diálogo con la escuela.
Recomendaciones y ejercicios concretos
Es frecuente: la toma de conciencia suele preceder a las ganas de actuar (25%). El informe identifica lo que puede estar bloqueando.
Su baja disposición al cambio (25%) es completamente comprensible. Cuando las señales que observamos en un hijo/a son moderadas y no alarmantes, es natural no sentir urgencia por intervenir. Usted se encuentra en una fase de observación y toma de conciencia, que es un paso previo fundamental. Este informe no busca presionarle, sino ofrecerle un espejo de lo que usted misma ha reportado.
Quizás sienta que el momento no es el adecuado, o que necesita más información antes de decidir. Eso está bien. Si más adelante nota que la situación se intensifica o que su percepción cambia, puede retomar estas reflexiones. Mientras tanto, cuide de su propio bienestar, porque acompañar a un hijo/a inquieto puede ser desgastante.
Recomendaciones y ejercicios concretos
Las dimensiones evaluadas dibujan un patrón homogéneo en el que la inquietud motriz y el impacto escolar son los aspectos más notables, mientras que la falta de atención y la impulsividad se sitúan en un plano más bajo. Esto sugiere que, en este momento, la energía elevada de su hijo/a podría ser el principal factor que afecta su rendimiento académico, pero sin que vaya acompañada de una desorganización atencional o de una pérdida de control conductual.
Se puede plantear la hipótesis (a explorar) de que, si la escuela lograra canalizar esa energía, el impacto escolar se reduciría considerablemente. Además, la baja motivación al cambio es coherente con el cuadro general: al no haber señales extremas, no se genera alarma ni urgencia, lo cual es adaptativo. En conjunto, el perfil invita a un acompañamiento sereno, basado en la observación y en ajustes ambientales, más que en una intervención intensiva.
Ahora mismo
En las próximas semanas
A largo plazo
Son hipótesis, no conclusiones. Es usted quien sabe si resuenan con su vivencia.
Marcos clínicos reconocidos aplicados a su perfil, como perspectivas complementarias para sopesar.
Estado del sistema nervioso — Reacción mixta: activación simpática con matices de congelamiento dorsal
Esquema de pensamiento — Pensamiento dicotómico (todo-o-nada)
Distorsiones cognitivas — Fuentes: Beck (1976) ; Burns (1980)
Teoría polivagal — Fuentes: Porges (2011) ; Dana (2018) — teoría debatida
Atención y funciones ejecutivas
Funciones ejecutivas (Barkley)
Fuentes: Barkley (1997) ; Barkley (2012)
Memoria de trabajo (Baddeley)
Fuentes: Baddeley (1992)
Marcos de lectura transversales
Modelo ABC de Ellis
Fuentes: Ellis (1962) ; Ellis & Harper (1975)
Autoeficacia
Fuentes: Bandura (1997) ; Bandura (1977)
Esquemas precoces de Young
Fuentes: Young, Klosko & Weishaar (2003) ; Young (1990)
Teoría polivagal
Fuentes: Porges (2011) ; Dana (2018) — teoría debatida
Estos marcos no constituyen un diagnóstico médico.
Observando el conjunto de lo que usted ha compartido, emerge un patrón que habla menos de un problema disperso y más de una energía vital que busca su cauce. La dimensión que parece organizar a las demás es la hiperactividad, esa inquietud motriz que su hijo o hija expresa de forma visible y que ahora mismo se sitúa en un umbral de atención. No es una agitación caótica que lo desborda todo; la atención y el control de impulsos se mantienen relativamente firmes, como si el motor interno estuviera acelerado pero el volante y los frenos funcionaran. Esto sugiere que el desafío no está tanto en un déficit generalizado, sino en cómo esa energía se encuentra con un entorno –el escolar, sobre todo– que la percibe como algo que interfiere. Así se entiende el impacto escolar, que es la otra cara de la moneda: allí donde se pide quietud y atención sostenida, ese temperamento activo choca y deja marcas.
La tensión interna de esta configuración es sutil pero real. Por un lado, su hijo o hija posee una facilidad natural para el movimiento, la exploración y probablemente una espontaneidad que puede ser una fuente de alegría y conexión. Le resulta fácil habitar el cuerpo, reaccionar deprisa, sentir el mundo de manera plena. Lo costoso viene cuando las exigencias externas interpretan ese ritmo como una falta de adaptación. El precio podría ser la etiqueta de «niño difícil», el agotamiento de quien debe contenerlo o pequeñas frustraciones académicas que no reflejan su verdadera capacidad. Para usted, como madre, la tensión se juega entre la certeza de que esa manera de ser no es un problema en casa y la presión que llega desde el colegio.
Una historia plausible de este equilibrio nos remite a un temperamento que posiblemente ha estado ahí desde los primeros años, y que en entornos más flexibles –el juego libre, el hogar, quizás la guardería– se vivió simplemente como «es muy movido, pero así es». Esa energía quizás fue incluso útil para mantenerse alerta, para aprender explorando o para conectar con otros niños de forma intensa. Lo que cambia es el contexto: la escuela primaria introduce una estructura donde el movimiento se vuelve visiblemente disruptivo. El hecho de que la atención y la impulsividad no estén elevadas sugiere que el niño o niña no sufre un déficit de autocontrol, sino que el entorno aún no ha encontrado cómo convertir esa energía en un recurso pedagógico. Y ahí entra su papel: la baja disposición al cambio no es indiferencia, es una intuición protectora que dice «mi hijo no está roto, no necesita ser arreglado», y eso protege a su hijo de una medicalización prematura.
En ese mismo punto reside una recurso subestimado: su mirada prudente y su capacidad de no alarmarse. En un mundo que patologiza rápidamente la infancia, usted practica una forma de acompañamiento que normaliza la intensidad. Eso le da a su hijo un ancla emocional firme: no recibe el mensaje de que es un problema andante. Además, el perfil muestra que, en las funciones más finas de la atención y la autorregulación, hay recursos internos que no están alterados, lo que significa que su hijo o hija tiene capacidad de sobra para adaptarse si se le ofrecen las ayudas justas. Esa reserva de atención y de control de impulsos es como un músculo entrenado que puede utilizarse para negociar el ambiente escolar cuando sea necesario.
Lo que podría moverse en primer lugar es la traducción concreta de esa energía en el contexto escolar. No se trata de cambiar al niño, sino de ajustar el entorno un pequeño grado, sin forzarlo. Una pista que indicaría que las cosas empiezan a fluir sería que su hijo o hija encontrara, por iniciativa propia o con una mínima orientación, formas autorreguladas de usar su inquietud: pedir permiso para estar de pie en algún momento, mover las manos con un objeto pequeño sin molestar, o incluso verbalizar lo que siente. Para usted, el movimiento podría comenzar cuando la comunicación con la escuela pase de «tiene un problema» a «hemos probado esto y nos ha funcionado», sin que usted tenga que traicionar su postura de cautela. No se precisa una gran metamorfosis; basta con un pequeño desplazamiento que honre quién es su hijo, pero le facilite la vida donde hoy le cuesta. Esa capacidad está sostenida en su propia fortaleza como observadora atenta y en el hecho de que el perfil no sugiere un desbordamiento, sino un desafío de encaje.
Un score no se vive como una cifra sino como una escena. Reconozca la suya — o descártela.
Atención
Hiperactividad
Impulsividad
Impacto escolar
Tu disposición al cambio
Para escribir a solas, o para llevar a un profesional.
Para ayudarle a situar este informe, estas son las referencias específicas de este test.
1. Mi hijo/a pasa de una actividad a otra sin terminarlas.
Respuesta : Más bien en desacuerdo
Respondió "Más bien en desacuerdo". ¿Puede contarme más sobre cuándo le ocurre esto?
Aparece sobre todo en situaciones que me importan, cuando me siento bajo presión o emocionalmente implicada.
2. Mi hijo/a se mueve constantemente incluso estando sentado/a.
Respuesta : Ni de acuerdo ni en desacuerdo
¿Y desde cuándo lo observa?
Ha estado más presente en los últimos meses, aunque también lo reconozco de antes.
3. Mi hijo/a tiene dificultades para anticipar las consecuencias antes de actuar.
Respuesta : Más bien en desacuerdo
4. Mi hijo/a parece desfasado/a respecto al ritmo de la clase.
Respuesta : Ni de acuerdo ni en desacuerdo
5. Mi hijo/a parece no escuchar cuando se le habla directamente.
Respuesta : Más bien en desacuerdo
6. Mi hijo/a juega y se relaja tranquilamente.
Respuesta : Ni de acuerdo ni en desacuerdo
El ejemplo presentado en esta página ilustra el formato y el nivel de detalle del informe. Su análisis será diferente, porque se construirá a partir de sus propias respuestas.
Lo interesante no es solo su puntuación en cada dimensión. Su informe también busca identificar los contrastes y las interacciones entre sus resultados: un recurso fuerte que compensa una fragilidad, una dimensión que parece desempeñar un papel central, o incluso un desajuste entre varios aspectos de su funcionamiento.
Esta es la lectura personalizada que el ejemplo no puede darle.
Responda a las preguntas del balance y obtenga su informe personalizado.
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Su perfil no será el de Lucía. Se construirá a partir de sus propias respuestas.
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