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Teoría Polivagal: 3 claves para regular estrés y trauma

La teoría polivagal se ha convertido en uno de los marcos más influyentes para comprender cómo el estrés y los traumas afectan a nuestro cuerpo y a nuestras respuestas emocionales. Propuesta por el neurocientífico Stephen Porges a finales de los años noventa, describe tres estados del sistema nervioso autónomo que gobiernan nuestras reacciones ante el peligro, y nuestra capacidad de sentirnos seguros en la relación con el otro.

En el artículo que sigue, abordo el trauma y el estrés postraumático. Si se reconoce en este tema, he diseñado un test de estrés postraumático que permite hacer un balance de las repercusiones de un evento traumático. Se acompaña de una guía para prolongar la reflexión más allá de los resultados. También he escrito un libro sobre este tema, Guía práctica de TCC, por si desea profundizar.

Esta teoría ha transformado la práctica clínica en psicotraumatología y en TCC de tercera ola. También ha suscitado un debate científico legitimo sobre algunas de sus afirmaciones neuroanatomicas. Este artículo te ofrece una visión honesta: lo que la teoría polivagal aporta de valioso a la comprensión del estrés y del trauma, los ejercicios concretos que de ella se derivan, y los matices que la investigación actual impone.

El sistema nervioso autónomo: más allá de la dicotomía clásica

El modelo clásico: simpático contra parasimpático

La visión tradicional del sistema nervioso autónomo (SNA) es binaria. Por un lado, el sistema simpático, el que acelera el corazón, dilata las pupilas, libera adrenalina, prepara el cuerpo para la acción. Por otro, el sistema parasimpático, el que ralentiza el ritmo cardiaco, favorece la digestión, restaura la energía, devuelve la calma.

Esta dicotomía simpático/parasimpático es útil, pero Porges argumentó que es demasiado simplista para dar cuenta de la complejidad de las respuestas humanas ante la amenaza. En particular, no explica bien un fenómeno que los clínicos observan a diario en los pacientes traumatizados: el bloqueo, el adormecimiento, la desconexión, respuestas que no corresponden ni a la huida ni a la lucha, sino a un colapso.

La hipótesis de Porges: tres circuitos, tres estados

Stephen Porges propuso que el nervio vago, el décimo nervio craneal, el más largo del cuerpo, que conecta el tronco cerebral con los órganos viscerales, no es un sistema único sino que se divide en dos ramas con funciones distintas:

  • El vago ventral (mielinizado, reciente en el plano evolutivo): inerva el corazón, el rostro, la garganta y los oídos. Según Porges, es responsable del estado de seguridad y de compromiso social, la capacidad de conectar con los demás, de comunicar, de sentirse en calma en presencia de otros.
  • El vago dorsal (no mielinizado, antiguo en el plano evolutivo): inerva los órganos subdiafragmáticos. Según Porges, su activación excesiva produce la respuesta de inmovilización: bloqueo, disociación, colapso, "hacerse el muerto".
Entre ambos, el sistema simpático clásico gestiona las respuestas de movilización: huida o lucha.

La originalidad de Porges consiste en haber propuesto una jerarquía entre estos tres sistemas, fundada en la filogénesis (la historia evolutiva de los vertebrados). Según esta jerarquía, el sistema más reciente (ventral vagal) se activa primero. Si fracasa en garantizar la seguridad, el sistema simpático toma el relevo (huida/lucha). Si este también fracasa, el sistema más antiguo (dorsal vagal) se activa como último recurso: es la respuesta de colapso.

Los tres estados: comprender tus respuestas al estrés

Estado 1 — Ventral vagal: seguridad y conexión social

Cuando el sistema ventral vagal domina, te encuentras en tu zona de funcionamiento óptimo. Las señales características:

  • Sensación de calma, de seguridad relativa
  • Capacidad de escuchar, de hablar, de mantener contacto visual
  • Expresividad facial matizada
  • Voz con una prosodia rica (variaciones de tono y de ritmo)
  • Curiosidad, apertura a la experiencia
  • Capacidad de regular las emociones sin verse desbordado
Es el estado en el que el aprendizaje, la creatividad, la intimidad y la cooperación son posibles. No es un estado de relajación pasiva, sino un estado de disponibilidad activa hacia la relación y el entorno.

En TCC, este estado corresponde a lo que Daniel Siegel (2012) llama la ventana de tolerancia, la zona en la que las emociones se sienten sin desbordarse, donde el pensamiento permanece flexible, donde los comportamientos estan ajustados al contexto.

Estado 2 — Simpático: movilización ante la amenaza

Cuando el sistema nervioso detecta un peligro (real o percibido), el sistema simpático toma el relevo. Las señales:

  • Aceleración cardiaca, respiración rápida y superficial
  • Tensión muscular, agitación
  • Hipervigilancia, dificultad para concentrarse
  • Pensamientos rápidos, a menudo catastroficos
  • Irritabilidad, ira, ganas de huir o de luchar
  • Dificultad para escuchar, comunicación deteriorada
Es el estado de "huida o lucha", una respuesta adaptativa ante un peligro real. Se vuelve problemática cuando se desencadena de manera crónica en ausencia de peligro objetivo, lo que constituye el cuadro clínico de la ansiedad generalizada, del trastorno de pánico y de numerosas manifestaciones del estrés postraumatico.

En términos de ventana de tolerancia, es el estado de hiperactivación, por encima de la ventana. Las emociones desbordan, el cuerpo está en sobrerrégimen, el pensamiento se rigidiza en torno a la amenaza percibida.

Estado 3 — Dorsal vagal: inmovilización y colapso

Cuando la movilización (huida/lucha) es imposible o fracasa, el sistema dorsal vagal produce una respuesta de inmovilización. Las señales:

  • Ralentización generalizada: ritmo cardiaco, respiración, metabolismo
  • Sensación de adormecimiento, de desconexión, de vacío
  • Fatiga extrema, ganas de dormir permanentes
  • Dificultad para hablar, voz plana, rostro inexpresivo
  • Sentimiento de vergüenza, de impotencia, de inexistencia
  • Disociación, impresión de estar "fuera de uno mismo"
Es el estado que los clínicos en psicotraumatología conocen bien: el shutdown, el bloqueo, el "congelamiento". En los pacientes que han vivido traumas tempranos repetidos (violencia de pareja, abusos sexuales, negligencia), este estado puede volverse crónico, una manera de sobrevivir cortandose de las propias sensaciones y emociones.

En términos de ventana de tolerancia, es el estado de hipoactivación, por debajo de la ventana. Las emociones estan apagadas, el cuerpo está en modo mínimo, la persona se siente "muerta por dentro".

La ventana de tolerancia: una herramienta clínica fundamental

El concepto de Daniel Siegel

El concepto de ventana de tolerancia, desarrollado por el neuropsiquiatra Daniel Siegel (2012, The Developing Mind), se articula naturalmente con la teoría polivagal. La ventana de tolerancia designa la zona de activación en la que una persona puede sentir sus emociones, procesar la información e interactuar con su entorno de manera adecuada.

Cuando la activación supera el límite superior de la ventana: hiperactivación simpática (ansiedad, pánico, ira explosiva). Cuando desciende por debajo del límite inferior: hipoactivación dorso-vagal (adormecimiento, disociación, depresión).

El trauma estrecha la ventana de tolerancia. Lo que habría sido un estrés manejable para una persona sin historia traumática se convierte en un detonante de basculación para una persona cuya ventana se ha vuelto estrecha. Una mirada percibida como critica, un ruido repentino, un silencio en una conversación: estímulos anodinos pueden provocar una salida de la ventana en pocos segundos.

Ampliar la ventana: el objetivo terapéutico

El objetivo compartido por la TCC del trauma, el EMDR, la terapia sensoriomotriz y los enfoques basados en la atención plena es ampliar progresivamente la ventana de tolerancia. No suprimiendo las emociones difíciles, sino aumentando la capacidad de contenerlas sin bascular hacia la hiper- o la hipoactivación.

Los ejercicios de regulación que siguen apuntan exactamente a ese objetivo.

La escala polivagal: situarse en tiempo real

Una herramienta práctica derivada de la teoría polivagal es la escala polivagal, una autoevaluación simple que permite detectar en qué estado del SNA te encuentras en un momento dado.

Como utilizarla

Visualiza una escala vertical de tres niveles:

Nivel superior — Ventral vagal (verde) "Me siento relativamente en calma, conectado, capaz de pensar con claridad. Puedo estar en contacto con otras personas." Nivel intermedio — Simpático (naranja) "Estoy agitado, tenso, alerta. Mi corazón late rápido. Tengo ganas de huir o de defenderme." Nivel inferior — Dorsal vagal (rojo) "Estoy adormecido, desconectado, agotado. Me siento vacío o inexistente. Me cuesta moverme o hablar."

Varias veces al día, tómate unos segundos para situarte en esta escala. No hace falta precisión, una estimación basta. El acto mismo de situarse es ya un acto de conciencia que activa la corteza prefrontal y favorece la regulación.

En terapia cognitiva, esta autoobservación se asemeja a la técnica del monitoreo emocional: anotar las emociones y su intensidad a intervalos regulares. La escala polivagal le añade la dimensión corporal: no pregunta solo "¿qué siento?", sino "¿en qué estado está mi cuerpo?".

Ejercicios de regulación: devolver el sistema nervioso hacia la seguridad

Los siguientes ejercicios estan inspirados en la práctica clínica que integra la teoría polivagal y las técnicas de TCC de tercera ola. Apuntan a favorecer el retorno hacia el estado ventral vagal, la zona de seguridad y de conexión.

1. La respiración alargada (activación del vago ventral)

La rama ventral del nervio vago es particularmente sensible a la respiración, y en especial al alargamiento de la espiración. Es una de las pocas palancas voluntarias sobre el SNA.

Protocolo:
  • Inspira por la nariz durante 4 tiempos
  • Reten 2 tiempos (opcional)
  • Espira por la boca durante 6 a 8 tiempos
  • La espiración debe ser al menos 1,5 veces más larga que la inspiración
  • Practica 5 minutos
El ratio inspiración/espiración asimétrico activa el freno vagal, el mecanismo por el cual el nervio vago ralentiza el ritmo cardiaco. Es una señal de seguridad enviada directamente al sistema nervioso.

2. El ejercicio de la voz (prosodia y nervio vago)

El nervio vago inerva los músculos de la laringe y de la faringe. Activar estos músculos mediante la voz estimula el circuito ventral vagal.

Protocolo:
  • Tararea una melodía familiar durante 2-3 minutos. El tarareo (con la boca cerrada) crea vibraciones en la garganta que activan directamente el nervio vago.
  • Alternativa: canta en voz alta. El canto implica una espiración larga y controlada más una activación de los músculos laríngeos = doble estimulación vagal.
  • Otra alternativa: lee un texto en voz alta variando la prosodia: tono, ritmo, melodía de la frase. Evita la voz monotona.
Este ejercicio puede parecer anodino. Sin embargo, se fundamenta en un principio neuroanatómico preciso: los músculos del rostro y de la garganta estan inervados por el mismo circuito (el complejo vagal ventral, según Porges) que el que regula el ritmo cardiaco y el estado emocional.

3. La orientación sensorial (salir del dorsal vagal)

Cuando una persona está en estado de colapso dorso-vagal (adormecimiento, disociación), los ejercicios respiratorios a menudo no bastan. Hay que "reencender" primero el contacto con el entorno.

Protocolo:
  • Gira lentamente la cabeza de izquierda a derecha, mirando a tu alrededor. Nombra mentalmente cinco cosas que ves, con detalles. "Un libro azul sobre la mesa. Una mancha de luz en la pared. El reflejo en la ventana."
  • Nombra cuatro cosas que oyes. Tres cosas que tocas (los pies en el suelo, las manos sobre los muslos, el respaldo de la silla contra la espalda). Dos cosas que hueles (un olor, aunque sea tenue). Una cosa que saboreas.
  • Este protocolo 5-4-3-2-1 es clásico en la TCC del trauma y en la terapia sensoriomotriz. Devuelve la conciencia al cuerpo y al entorno presente, contrarrestando el repliegue disociativo del dorsal vagal.

4. La corregulación: el papel del otro

Uno de los aportes más fecundos de la teoría polivagal es el concepto de corregulación, la idea de que nuestro sistema nervioso no se regula solo desde dentro, sino a través de la relación con el otro. La presencia de una persona percibida como segura (voz calma, mirada benevolente, prosodia apaciguadora) envia señales de seguridad que activan el circuito ventral vagal.

Por eso la soledad crónica es tan deletérea para la salud mental y física. Y por eso la relación terapéutica misma, antes incluso de cualquier técnica, es un factor de curación: el terapeuta, por su presencia regulada, ofrece un anclaje de corregulación.

En la práctica:
  • Pasa tiempo con personas cuya presencia te apacigua (no con las que te activan)
  • Durante una conversación, manten un contacto visual suave e intermitente
  • Escucha voces humanas calidas (podcasts, mensajes de voz de un ser querido)
  • En pareja, practica el simple hecho de sentaros juntos en silencio, con un contacto físico ligero (mano sobre el hombro, pies que se tocan)

5. El movimiento pendular (oscilación entre confort e incomodidad)

Este ejercicio, derivado del Somatic Experiencing de Peter Levine (que comparte ciertas bases con la teoría polivagal), entrena la capacidad del sistema nervioso de oscilar entre estados en lugar de quedar bloqueado en uno de ellos.

Protocolo:
  • Sientate e identifica una zona de tu cuerpo donde sientas confort o neutralidad (por ejemplo, las manos apoyadas sobre los muslos).
  • Lleva tu atención a esa zona durante 30 segundos. Observa las sensaciones de confort.
  • Luego desplaza tu atención hacia una zona ligeramente incomoda (una tensión en el hombro, un nudo en el estómago). Permanece ahí 10-15 segundos, no más.
  • Vuelve a la zona de confort. 30 segundos.
  • Alterna así 4-5 veces.
Este penduleo entrena la flexibilidad del sistema nervioso, su capacidad de entrar en contacto con la incomodidad sin quedar bloqueado en ella, y de regresar hacia la regulación. Es un microentrenamiento para la ampliación de la ventana de tolerancia.

Teoría polivagal y TCC de 3a ola: convergencias

La atención plena como vía de acceso al ventral vagal

Los programas de atención plena (MBSR, MBCT) pueden releerse a través del prisma polivagal: la meditación de atención plena entrena la capacidad de permanecer en la ventana de tolerancia en presencia de estímulos internos incomodos (pensamientos, emociones, sensaciones). En términos polivagales, es un entrenamiento para mantener el estado ventral vagal frente a activaciones que habitualmente arrastrarian hacia el simpático o el dorsal vagal.

La observación no reactiva de los pensamientos, núcleo de la defusión cognitiva en ACT (Hayes, Strosahl & Wilson, 2012, Acceptance and Commitment Therapy), es una manera de no dejar que un pensamiento ansiogeno desencadene la cascada simpática. Se observa el pensamiento, se le nombra, y el sistema nervioso recibe el mensaje implicito: "esto no es un peligro, es un pensamiento".

La reestructuración cognitiva como señal de seguridad

En TCC clásica, la reestructuración cognitiva (cuestionar la validez de un pensamiento automático, buscar interpretaciones alternativas) puede entenderse como un proceso que envia señales de seguridad al SNA. Cuando el pensamiento "esta situación es catastrofica" se reemplaza por "esta situación es difícil pero manejable", la corteza prefrontal comunica al sistema limbico y al SNA que el nivel de amenaza es inferior al evaluado inicialmente.

Es la razón por la que la TCC funciona sobre la ansiedad: modifica la evaluación cognitiva de la amenaza, lo que modifica la respuesta fisiológica. La teoría polivagal ofrece un marco explicativo para este mecanismo bien documentado por Beck (1976, Cognitive Therapy and the Emotional Disorders).

La exposición progresiva como ampliación de la ventana

La exposición progresiva, técnica fundamental de la TCC para las fobias y el TEPT, consiste en confrontar gradualmente al paciente con el estímulo ansiogeno, manteniendo un nivel de activación tolerable. En términos polivagales, es un entrenamiento para permanecer en ventral vagal (o para volver allí rápidamente) en presencia de estímulos que normalmente activarian el simpático.

Cada exposición lograda, es decir, cada vez que el paciente permanece en su ventana de tolerancia a pesar de la confrontación con el estímulo, amplia esa ventana. El sistema nervioso aprende, literalmente, que puede tolerar más sin bascular.

Matices y debate científico: lo que hay que saber en 2026

Los aportes incuestionables

Algunos aportes de la teoría polivagal son ampliamente aceptados por la comunidad científica:

  • La respuesta de inmovilización existe y es clínicamente pertinente. El bloqueo, la disociación, el shutdown son respuestas autónomas reales, distintas de la huida y de la lucha. Reconocerlas ha transformado el abordaje de los pacientes traumatizados, desculpabilizandolos de reacciones que no controlaban.
  • El sistema nervioso juega un papel central en la regulación emocional. La teoría polivagal ha contribuido a devolver el cuerpo al centro de la psicoterapia, tras décadas de focalización casi exclusiva en las cogniciones.
  • La corregulación es un fenómeno real y poderoso. Los estudios en neurociencia social confirman que la presencia de otro regulado modifica la fisiología del sujeto: reducción del cortisol, sincronización de los ritmos cardiacos, activación de los circuitos de recompensa.
  • La neurocepción, la detección inconsciente del peligro, es un concepto útil. El término, inventado por Porges, designa la capacidad del sistema nervioso de evaluar la seguridad del entorno antes incluso de que la conciencia intervenga. Este concepto es clínicamente valioso para comprender por qué algunos pacientes reaccionan de manera desproporcionada ante estímulos aparentemente anodinos.

Las reservas legitimas

Desde la publicación inicial de Porges (1995, 2001, 2011), varios neurocientíficos han formulado reservas sobre ciertos aspectos de la teoría:

  • La filogénesis simplificada. La idea de que los tres circuitos se activan en un orden jerarquico estricto, del más reciente al más antiguo, es una simplificación que no da cuenta plenamente de la complejidad neuroanatómica real. Las interacciones entre las ramas del nervio vago son más bidireccionales y menos secuenciales de lo que el modelo inicial sugeria (Grossman & Taylor, 2007).
  • La especificidad de las ramas vagales. La distinción neta entre vago ventral (mielinizado) y vago dorsal (no mielinizado) es una simplificación útil pero anatomicamente aproximada. El nervio vago es un sistema complejo con multiples subramas cuyas funciones no se reducen a esta dicotomía (Farmer et al., 2021).
  • El vínculo causal directo. La correlación entre el tono vagal (medido por la variabilidad de la frecuencia cardiaca) y la regulación emocional está bien documentada. Pero el salto hacia la explicación causal ("es porque el vago ventral está infraactivado que la persona no puede regularse") sigue siendo debatido. Otros modelos neurobiológicos (eje HHA, circuitos amígdalo-prefrontales) explican una parte de los mismos fenómenos.

Una posición clínica razonable

En 2026, la posición más razonable es considerar la teoría polivagal como un modelo clínico heurístico, un marco conceptual que ayuda a los terapeutas y a los pacientes a comprender y a trabajar con las respuestas corporales al estrés y al trauma, sin pretender que cada detalle neuroanatómico del modelo este definitivamente establecido.

Es, por lo demás, la posición de numerosos clínicos formados en la TCC integrativa: utilizar los conceptos polivagales (los tres estados, la ventana de tolerancia, la corregulación, la neurocepción) como herramientas de psicoeducación y de regulación, manteniendose abiertos a los refinamientos que la investigación aportara.

El psicólogo Paul Gilbert, creador de la Terapia de la Compasión (CFT), utiliza un modelo de tres sistemas (amenaza, impulso, calma) que coincide parcialmente con el modelo polivagal sin identificarse con el. En ACT, la noción de flexibilidad psicológica (capacidad de permanecer en contacto con la experiencia presente y de actuar según los propios valores a pesar de la incomodidad) es un equivalente funcional de la capacidad de permanecer en la ventana de tolerancia.

Integrar la teoría polivagal en tu vida cotidiana

Tres hábitos de regulación

Por la mañana: escaneo del estado interno. Antes de levantarte, tómate 30 segundos para situarte en la escala polivagal. ¿Ventral? ¿Simpático? ¿Dorsal? Esta simple toma de conciencia orienta el resto de la mañana. Si estás en simpático, un ejercicio de respiración alargada puede bastar. Si estás en dorsal, el ejercicio de orientación sensorial será más adecuado. Durante el día: las microtransiciones. Cada cambio de actividad es una oportunidad de microrregulación. Tres respiraciones con espiración alargada entre dos reuniones. Un tarareo bajo la ducha. Un contacto visual benevolente con un colega. Estos pequeños gestos no son anecdóticos: mantienen el tono vagal ventral a lo largo del día. Por la noche: la corregulación relacional. Privilegia un momento de conexión calma con un ser querido. Sin discusión de problemas, sin resolución de conflictos, solo presencia compartida. La corregulación funciona incluso en silencio, incluso sin palabras, mientras esten presentes las señales no verbales de seguridad (proximidad física, mirada, voz suave).

Cuando consultar

La teoría polivagal y los ejercicios de regulación autónoma son herramientas valiosas para la gestión del estrés cotidiano. Pero para las personas que viven con un trastorno de estrés postraumatico, respuestas disociativas recurrentes, o un estrechamiento severo de la ventana de tolerancia, el acompañamiento de un terapeuta formado es indispensable.

La regulación del sistema nervioso tras un trauma severo necesita un marco relacional seguro, el de la terapia, y una progresión graduada que solo un profesional puede ajustar en tiempo real. Los ejercicios presentados en este artículo son un punto de partida, no un tratamiento completo.

Hacer el test: Estrés Postraumatico (TEPT) → — Si vives con respuestas disociativas o una ventana de tolerancia estrecha, una autoevaluación puede ayudarte a orientar una consulta.

Lecturas y referencias

Para profundizar:

  • Porges, S.W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. Norton.
  • Dana, D. (2018). The Polyvagal Theory in Therapy: Engaging the Rhythm of Regulation. Norton. — La obra clínica más accesible sobre la aplicación de la teoría polivagal en psicoterapia.
  • Siegel, D.J. (2012). The Developing Mind: How Relationships and the Brain Interact to Shape Who We Are. Guilford Press.
  • Hayes, S.C., Strosahl, K.D. & Wilson, K.G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change. Guilford Press.
  • Grossman, P. & Taylor, E.W. (2007). Toward understanding respiratory sinus arrhythmia: Relations to cardiac vagal tone, evolution and biobehavioral functions. Biological Psychology, 74(2), 263-285. — Para las reservas científicas.
La teoría polivagal no es un dogma. Es una herramienta de comprensión (imperfecta, en evolución, pero clínicamente fecunda) que devuelve el cuerpo al centro de nuestra relación con el estrés, las emociones y los vínculos. Comprender los estados de tu sistema nervioso es ganar una palanca de regulación que el solo análisis cognitivo no proporciona.
Deseas explorar tus dinámicas relacionales a través del prisma de los mecanismos emocionales y corporales? Nuestro asistente conversacional utiliza 14 modelos clínicos validados, entre ellos el análisis de los patrones de apego y de regulación emocional, para acompanarte a lo largo de 50 intercambios en profundidad.
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FAQ

¿Cómo distinguir la ansiedad de apego del sentimiento amoroso?

La Teoría Polivagal explica cómo tu sistema nervioso gestiona el estrés. La ansiedad de apego se caracteriza por una vigilancia hiperactiva ante las señales de abandono, distinta del amor sereno fundado en la seguridad mutua.

¿Qué signos indican que la teoría polivagal afecta gravemente a mi relación?

Las señales de alerta incluyen los comportamientos de verificación compulsivos, las interpretaciones catastrofistas de los silencios de tu pareja, y los ciclos de reaseguramiento sin efecto duradero. Estos patrones se agravan sin intervención terapéutica.

¿Es eficaz la TCC para tratar la teoría polivagal estrés trauma?

Si, la TCC apunta directamente a los pensamientos automáticos y a los comportamientos de evitación que mantienen la ansiedad. Un metaanálisis de 2019 muestra tamaños de efecto moderados a grandes para estos protocolos en 8 a 16 sesiones.
Lecturas recomendadas:

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En resumen: La teoría polivagal del neurocientífico Stephen Porges describe tres estados del sistema nervioso que gobiernan nuestras reacciones al estrés y a los traumas. A diferencia del modelo clásico simpático-parasimpático, propone que el nervio vago funciona según una jerarquía: el sistema ventral vagal gestiona primero la seguridad y la conexión social, el sistema simpático toma el relevo en caso de amenaza percibida con respuestas de huida o lucha, y el sistema dorsal vagal produce finalmente una inmovilización de colapso cuando los dos primeros fracasan. Esta comprensión ayuda a explicar por qué algunas personas quedan bloqueadas en el estrés crónico o la disociación tras un trauma. Aunque debatida en el plano neuroanatómico, la teoría resulta clínicamente útil para identificar en qué estado nos encontramos y proponer ejercicios concretos de regulación del sistema nervioso.

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Sobre el autor

Gildas Garrec · profesional TCC

Profesional certificado en terapias cognitivo-conductuales (TCC), autor de 16 obras sobre psicología aplicada y relaciones. Más de 900 artículos clínicos publicados en Psychologie et Sérénité.

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