Infidélité et jalousie
Comprendre, surmonter, décider
Por Gildas Garrec — Psicoterapeuta cognitivo-conductual
INTRODUCCIÓN
Cuando la confianza se tambalea
Hay dolores que no dejan ninguna huella visible. Ni escayola, ni cicatriz que uno pueda mostrar para explicar por qué se tambalea. La infidelidad forma parte de esas heridas invisibles que, sin embargo, trastocan la existencia entera de quienes la sufren — y, más de lo que se piensa, de quienes la cometen.
Como psicoterapeuta especializado en terapia cognitivo-conductual, he acompañado a cientos de personas enfrentadas a la cuestión de la infidelidad. Hombres y mujeres de todas las edades, de todos los ámbitos, de todas las historias. Algunos venían tras haber descubierto la traición de su pareja. Otros venían a confesar la suya, corroídos por la culpa o la confusión. Otros venían por unos celos que los consumían, sin que siquiera se hubiera cometido acto alguno de infidelidad.
Lo que he aprendido a lo largo de estos encuentros es que la infidelidad casi nunca es lo que parece a primera vista. No es simplemente la historia de un cuerpo que se extravía o de un corazón que se desdobla. Es el revelador de dinámicas profundas — individuales, relacionales, a veces transgeneracionales — que merecen ser exploradas con rigor y compasión.
Las cifras hablan por sí solas. Según los estudios epidemiológicos más recientes, entre el 20 y el 40 % de las personas en pareja reconocen haber sido infieles al menos una vez en su vida. En Francia, el IFOP estima que alrededor de un tercio de los hombres y una cuarta parte de las mujeres han vivido ya una relación extraconyugal. Estas cifras, por impresionantes que sean, no dicen nada de la magnitud del sufrimiento que cada porcentaje representa. Detrás de cada estadística hay una pareja, una familia, hijos a veces, y siempre seres humanos que intentan dar un sentido a lo que parece no tener ninguno.
Los celos, por su parte, son un compañero casi universal del amor. ¿Quién no ha sentido nunca ese mordisco en el estómago al imaginar a la persona amada en brazos de otro? Pero entre unos celos pasajeros, signo de apego, y unos celos devoradores que envenenan la vida cotidiana, existe un amplio espectro que exploraremos en estas páginas. La neurociencia nos enseña que los celos activan los mismos circuitos cerebrales que el dolor físico — no están, por tanto, «en la cabeza», como a veces se dice con ligereza. Están en el cuerpo, en las entrañas, en cada fibra del ser.
Este libro nació de una convicción: la de que el conocimiento es el primer paso hacia la liberación. Comprender por qué surge la infidelidad no significa excusarla. Analizar los mecanismos de los celos no equivale a banalizarlos. Se trata, al contrario, de dar a cada cual las herramientas para atravesar estas pruebas con conciencia, para tomar decisiones informadas en lugar de decisiones dictadas por el pánico, la ira o la vergüenza.
Encontrarás en estas páginas un enfoque resueltamente anclado en la investigación científica. Cada afirmación está respaldada por estudios publicados en revistas con revisión por pares. He bebido de los trabajos de investigadores de renombre internacional — John Gottman, Shirley Glass, Esther Perel, Janis Abrahms Spring, por citar solo algunos — pero también de las publicaciones más recientes en psicología clínica y en neurociencias afectivas.
Sin embargo, este libro no es un tratado académico. Es ante todo una guía práctica, escrita para ser útil. Cada capítulo contiene casos clínicos ficticios — inspirados en situaciones reales pero completamente anonimizados y recompuestos — que permiten poner un rostro y una historia a los conceptos presentados. Cada capítulo propone también ejercicios prácticos que puedes realizar solo o en pareja, a tu propio ritmo.
El recorrido que te propongo sigue una lógica deliberada. Comenzaremos por explorar las razones psicológicas de la infidelidad, para luego abordar las nuevas formas de traición nacidas de lo digital. Nos sumergiremos en los mecanismos de los celos antes de detenernos en el shock del descubrimiento. Los capítulos centrales te guiarán a través de las etapas de la reconstrucción y la delicada cuestión del perdón. Abordaremos también, sin tabúes, la decisión de marcharse cuando es necesario. Por último, terminaremos con la reconstrucción de la confianza — ya sea con la misma pareja o con una nueva.
Sea cual sea el punto en el que te encuentres en tu propia historia — que acabes de descubrir una infidelidad, que estés en plena reflexión, que intentes reconstruir o que estés planteándote marcharte — este libro es para ti. No te dirá qué hacer, pero te dará los medios para comprender, para sentir con más claridad y, finalmente, para decidir por ti mismo.
Porque ahí reside, quizá, la lección más importante que la infidelidad y los celos nos enseñan: nadie puede elegir en nuestro lugar. Pero podemos elegir dejar de padecer.
Buena lectura.
Gildas Garrec
Psicoterapeuta en terapia cognitivo-conductual
Nantes, octubre de 2025
CAPÍTULO 1 — Por qué se engaña: los factores psicológicos
El enigma de la infidelidad
«No entiendo lo que me ha pasado.»
Es probablemente la frase que más a menudo escucho en consulta cuando una persona viene a hablarme de su infidelidad. Sin bravuconería, sin justificación — solo una incomprensión profunda ante sus propios actos. Y es esa incomprensión, más que el juicio moral, la que constituye el punto de partida más fecundo para un trabajo terapéutico.
La investigación en psicología relacional nos enseña que la infidelidad rara vez es fruto de una causa única. Resulta las más de las veces de una convergencia de factores individuales, relacionales y situacionales que, juntos, crean lo que los investigadores llaman una «ventana de vulnerabilidad». Comprender estos factores no es una empresa destinada a eximir a nadie de su responsabilidad. Es un esfuerzo de lucidez indispensable para quien desee evitar repetir los mismos patrones o, a la inversa, para quien desee comprender lo que sucedió en su pareja.
Un metaanálisis publicado en el Journal of Sex Research (Fincham y May, 2017) identificó tres categorías principales de factores que predisponen a la infidelidad: los factores individuales, los factores relacionales y los factores contextuales. Los exploraremos uno por uno, apoyándonos en los datos más recientes de la literatura científica.
La luz de la psicología evolucionista
Antes de examinar los factores individuales y relacionales, resulta esclarecedor tomar distancia y considerar lo que la psicología evolucionista nos enseña sobre la infidelidad humana. Los trabajos de David Buss, profesor de la Universidad de Texas en Austin, y de sus colaboradores —en particular Joshua Duntley— han enriquecido considerablemente nuestra comprensión del fenómeno.
Según Buss (2018), la infidelidad no es una aberración conductual, sino un «dilema estratégico» que la especie humana afronta desde hace cientos de miles de años. En su modelo de la «teoría de las estrategias sexuales» (Sexual Strategies Theory), Buss propone que los hombres y las mujeres han desarrollado, a lo largo de la evolución, estrategias reproductivas diferentes pero complementarias. Los hombres, cuya inversión reproductiva mínima es biológicamente baja (unos minutos frente a nueve meses de embarazo para las mujeres), habrían sido seleccionados para valorar la diversidad sexual —de ahí una predisposición estadística, no una fatalidad, a buscar parejas múltiples—. Las mujeres, cuya inversión reproductiva es considerable, habrían sido seleccionadas para privilegiar la calidad de la pareja y la seguridad de los recursos —de ahí una sensibilidad acrecentada hacia la infidelidad emocional, percibida como una amenaza para la inversión paterna.
Es crucial subrayar que esta perspectiva evolucionista no constituye en modo alguno una justificación de la infidelidad. Comprender el origen de una tendencia no es legitimarla. Estamos dotados de una corteza prefrontal capaz de superar nuestros impulsos ancestrales —es precisamente eso lo que define la madurez psicológica—. Sin embargo, conocer estas predisposiciones permite comprender mejor por qué la fidelidad exige un esfuerzo activo y deliberado, y por qué la tentación es una experiencia tan universal.
Duntley y Buss (2012) también propusieron el concepto de «antifidelidad adaptativa»: en ciertos contextos ancestrales, la infidelidad podía presentar ventajas adaptativas para ambos sexos —diversificación genética para los hombres, acceso a mejores recursos o a mejores genes para las mujeres—. Este modelo explica por qué la infidelidad persiste a pesar de sus considerables costes sociales: está, en cierto modo, «inscrita en el repertorio» de nuestras posibilidades conductuales, aunque nuestra cultura y nuestra moral la condenen.
Un estudio fascinante de Buss y Haselton (2005) mostró que las mujeres en fase fértil de su ciclo menstrual refieren un mayor número de fantasías que implican a hombres distintos de su pareja, en particular hombres que presentan marcadores de «buena calidad genética» (simetría facial, voz grave, dominancia social). Este resultado, replicado en varios laboratorios, ilustra la tensión entre nuestros programas biológicos y nuestros compromisos sociales —una tensión que cada individuo gestiona de manera diferente según su historia, sus valores y sus recursos psicológicos.
Los distintos tipos de infidelidad
Antes de explorar en detalle los factores de riesgo, es esencial distinguir los distintos tipos de infidelidad, pues cada uno se basa en mecanismos psicológicos distintos y exige respuestas terapéuticas diferentes.
La infidelidad sexual
Es la forma más «clásica» y la más fácilmente identificable: un contacto físico de carácter sexual con una persona distinta de la pareja. Puede ser puntual (una noche, un desliz aislado) o duradera (una relación mantenida en el tiempo). La investigación de Blow y Hartnett (2005) muestra que la infidelidad sexual puntual está a menudo ligada a factores situacionales (alcohol, oportunidad, distancia), mientras que la infidelidad sexual duradera se asocia más a factores relacionales (insatisfacción crónica, déficit de intimidad).
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