Loana — Brûlée par la lumière
Portrait psychologique d'une icône sacrifiée
Por Gildas Garrec — Psicoterapeuta cognitivo-conductual
PREFACIO — Nota ética y marco clínico
Este libro nació de una pregunta sencilla, formulada al día siguiente de un suceso que no debería haber sido un suceso: ¿cómo pudo una joven de veintitrés años, aclamada por millones de telespectadores, encontrarse, ocho años más tarde, semiinconsciente en su bañera? ¿Y cómo pudo esa misma mujer, superviviente de una vida que pocos de nosotros habríamos atravesado en pie, morir sola, el 25 de marzo de 2026, en Niza, a los cuarenta y ocho años?
Loana Petrucciani no era un personaje. Era una persona. Una persona cuya vida entera se desarrolló bajo los focos de una sociedad que consume a los seres humanos como consume los programas de televisión: con apetito, sin responsabilidad y con una propensión inquietante al olvido.
Este libro no es un alegato acusatorio. Tampoco es una hagiografía. Es una tentativa —clínica, humana y necesariamente imperfecta— de comprender lo que la trayectoria de Loana nos dice sobre ella, sobre nosotros y sobre el sistema mediático que la encumbró antes de dejarla caer.
Soy psicoterapeuta especializado en terapia cognitivo-conductual (TCC). Este libro no es un expediente clínico. No constituye un diagnóstico formulado a distancia sobre una persona a la que nunca recibí en consulta. Me reprocharía, además, reducir la complejidad de un ser humano a una nomenclatura diagnóstica, por precisa que fuera. Lo que propongo aquí es una lectura psicológica informada: un prisma, no una sentencia.
Todas las hipótesis clínicas formuladas en estas páginas se apoyan en fuentes públicas: las declaraciones de la propia Loana, sus dos libros, los documentales en los que participó, los programas en los que se confió. Cuando evoco mecanismos psicológicos, procuro presentarlos como hipótesis explicativas, nunca como verdades establecidas. La prudencia no es aquí una postura retórica: es una exigencia ética fundamental.
Debo también decir algo sobre el momento en que aparece este libro. Loana murió hace dos días. Algunos lectores podrían encontrar indecente la rapidez con que una pluma se apodera de este duelo. Los comprendo. Pero creo, en el fondo, que el mejor homenaje que puede rendirse a alguien cuya vida fue tan mal comprendida, tan mal tratada, es intentar por fin comprenderla de verdad —y hacerlo mientras el dolor colectivo aún está vivo, antes de que el tiempo desgaste la memoria y deje sitio únicamente a las leyendas.
Loana merecía algo mejor que las leyendas. Merecía ser vista.
Este libro está dedicado a ella.
Estructura de la obra: el lector encontrará en estas páginas una biografía organizada en cinco grandes partes, cada una de las cuales articula hechos biográficos documentados y análisis psicológicos. Las referencias clínicas se agrupan en una bibliografía temática al final de la obra. Las citas de la propia Loana están sistemáticamente referenciadas. Toda hipótesis clínica se señala explícitamente como tal.
Una última precisión se impone sobre la terminología. A lo largo de este libro utilizo conceptos procedentes de la terapia cognitivo-conductual (TCC) y, más concretamente, de la terapia de esquemas desarrollada por Jeffrey Young. Estos conceptos —esquemas tempranos desadaptativos, modos esquemáticos, estrategias de afrontamiento— se irán definiendo a lo largo del texto para que sigan siendo accesibles al lector no especializado. El rigor clínico no exige el hermetismo.
PARTE I
Antes del Loft: las raíces del derrumbe
Capítulo 1 — Una infancia robada
Loana Petrucciani nace el 30 de agosto de 1977 en Cannes. Crece entre Cannes, Golfe-Juan y Grasse —nombres que evocan el sol, el Mediterráneo, el lujo discreto de la Costa Azul. Pero la realidad de su infancia no tiene nada de esa postal.
Su padre es empleado de gasolinera. Su madre, ama de casa. La familia es modesta, sin llegar a la indigencia. Loana tiene un hermano. En apariencia, nada distingue esa infancia de otras cien en la Francia de los años ochenta. Es lo que se cree, desde fuera. Es lo que la propia Loana dejará creer durante mucho tiempo.
Después llegará el momento en que hablará. Y lo que dirá cambiará la lectura de todo lo demás.
La adolescencia de Loana está marcada por la violencia de su padre. Un padre que ha perdido su trabajo, que bebe, que pega. Un padre que rebasa los límites de la violencia ordinaria —ya de por sí inaceptable— para entrar en el territorio del incesto. Loana lo evocará en varias ocasiones a lo largo de los años: primero en su autobiografía Loana (Albin Michel, 2002), después en el documental Loana, une lofteuse up and down, dirigido por Guillaume Genton y Thibault Gitton (C8, 2021), y de forma más detallada en Si dure est la nuit, si tendre est la vie (Plon, 2018). Nunca hará de ello el centro de su discurso público, como si esa información fuera demasiado pesada para llevarla en primer plano, demasiado íntima para ser transformada en argumento mediático.
Hay que detenerse aquí. No para consumir el dolor de una mujer como un detalle biográfico más, sino para comprender lo que esos primeros años significan en el plano psicológico —y por qué iluminan todo lo que va a seguir.
En el marco de la terapia de esquemas desarrollada por Jeffrey Young, ciertas experiencias tempranas dejan huellas que se denominan esquemas tempranos desadaptativos (ETD). Estos esquemas son representaciones profundas de uno mismo y del mundo, construidas en la infancia a partir de experiencias repetidas de frustración de necesidades fundamentales. No son creencias conscientes que uno pueda simplemente «cambiar pensándolo». Están grabados en la estructura misma de la personalidad, se activan automáticamente en las situaciones que se les parecen y generan emociones de una intensidad a veces abrumadora.
En el caso de Loana, varios esquemas parecen plausibles —lo recuerdo: se trata de hipótesis clínicas, no de diagnósticos. El esquema de Abandono/Inestabilidad, en primer lugar: la convicción profunda de que las personas significativas terminarán por marcharse, por desaparecer, o por revelarse incapaces de ofrecer un apoyo estable. Cuando el primer adulto llamado a proteger a una niña —su padre— es él mismo la fuente del peligro, algo fundamental se quiebra en el mapa mental del mundo.
El esquema de Desconfianza/Abuso, a continuación: la expectativa de que los demás herirán, manipularán, humillarán. También aquí resulta difícil imaginar una experiencia más temprana y más fundacional de esa desconfianza que lo que Loana sufrió en su propia familia.
El esquema de Privación emocional, por último: la convicción de que sus necesidades de apoyo emocional, de empatía, de protección, nunca serán correctamente satisfechas. Una convicción que, en su caso, no era una distorsión cognitiva: correspondía a una realidad vivida.
Estos esquemas, una vez instalados, no permanecen pasivos. Generan lo que Young llama estrategias de afrontamiento: maneras de enfrentarse al mundo que intentan gestionar el dolor asociado al esquema. Estas estrategias pueden adoptar tres formas: la rendición (someterse al esquema, reproducir las situaciones dolorosas), la evitación (huir de todo lo que pudiera activar el esquema) o la compensación (adoptar comportamientos en apariencia opuestos al esquema, pero que revelan su existencia).
En Loana veremos desplegarse estas tres estrategias en distintas etapas de su vida. Pero antes de eso está la adolescencia.
La adolescencia de Loana es el momento en que el cuerpo se convierte a la vez en un problema y en un recurso. Un problema porque ha sido violado en la intimidad familiar. Un recurso porque atrae la atención, genera deseo, produce una forma de poder en un mundo en el que ella tenía tan poco. No es casualidad que Loana llegue a ser bailarina gogó en los clubes antes de entrar en el Loft. El cuerpo como capital —no por cinismo, sino por necesidad.
Esta instrumentalización del cuerpo merece que nos detengamos en ella sin juzgar. En la teoría del apego desarrollada por John Bowlby, un niño que no ha podido construir un apego seguro con sus figuras parentales desarrolla estrategias de apego alternativas. Una de ellas, particularmente frecuente en las personas que han vivido traumas tempranos, es lo que se denomina el apego ansioso-ambivalente: una necesidad intensa de proximidad y de aprobación, combinada con un miedo igual de intenso a ser abandonado o rechazado.
Esta configuración produce comportamientos que, vistos desde fuera, pueden parecer contradictorios: buscar desesperadamente la atención mientras se sabotean las relaciones que podrían satisfacerla de forma duradera. Amar apasionadamente sin dejar de estar convencido de no ser digno de ello. Exponerse para existir mientras se sufre por esa misma exposición.
Loana, durante toda su vida, oscilará entre esos dos polos.
Escolarizada en un colegio privado a pesar de la modestia de los recursos familiares —ese detalle biográfico deja entrever a una madre que lucha por dar a sus hijos lo que puede—, Loana abandona pronto el sistema escolar. Tiene dieciséis años, quizá menos. Necesita huir. Y huye.
Esa huida no es una derrota. Es una forma de supervivencia.
Habrá que recordar esto a lo largo de todo el libro: cada comportamiento de Loana que tendemos a juzgar —el exhibicionismo mediático, la dependencia afectiva, las adicciones— era ante todo una tentativa de sobrevivir. No necesariamente la mejor tentativa. No necesariamente una tentativa eficaz a largo plazo. Pero una tentativa. Y eso cambia radicalmente la manera en que se mira a alguien.
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