Dans la tete du parrain
Ce que la psychologie revele sur les caids — du DSM-5 a la rue
Por Gildas Garrec — Psicoterapeuta cognitivo-conductual
Introducción — ¿Por qué analizar la psicología de los mafiosos?
El 23 de mayo de 1992, media tonelada de TNT explota bajo la autopista A29, a la altura de Capaci, en Sicilia. El juez Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo y tres agentes de escolta mueren en el acto. La detonación es tan potente que registra una señal sísmica de magnitud 3.
Cincuenta y siete días más tarde, el juez Paolo Borsellino es asesinado con el mismo procedimiento. Via d'Amelio, Palermo. Cinco agentes de escolta más.
El hombre que ordenó ambas masacres, Salvatore «Totò» Riina, vio las noticias en televisión aquella misma noche con su familia. Cenó con normalidad. Durmió.
¿Cómo ordena un ser humano el asesinato de siete personas —incluida la esposa de un hombre al que nunca ha conocido— y duerme sin dificultad? ¿Cómo compartimenta la mente humana hasta tal punto la violencia y la normalidad?
Esa es la pregunta central de este libro.
Lo que este libro no es
Este libro no es un relato true crime (género literario y audiovisual dedicado a casos criminales reales, narrados de manera narrativa). No habrá recreaciones dramáticas, ni cliffhangers, ni fascinación morbosa. Las librerías y las plataformas de streaming ya rebosan de contenidos que convierten a los criminales en antihéroes seductores.
Este libro tampoco es un alegato moral. El juicio moral es tarea de los jueces y los jurados, no del clínico. Un psiquiatra forense que evalúa a un acusado no lo «condena» — describe un funcionamiento psíquico. Es exactamente lo que vamos a hacer.
Lo que este libro es
Un ejercicio de análisis clínico aplicado.
Cada perfil se trata como un expediente. Le aplicaremos las herramientas de la psicología clínica contemporánea:
El DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5.ª edición, American Psychiatric Association, 2013) proporciona los criterios diagnósticos estandarizados. Cuando hablamos de un «trastorno narcisista de la personalidad» o de un «trastorno antisocial de la personalidad», nos referimos a categorías clínicas precisas, con criterios operacionalizados.
La CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión, Organización Mundial de la Salud, 2022) ofrece un marco complementario, en particular para el nuevo modelo dimensional de los trastornos de la personalidad, que sustituye las categorías rígidas por un espectro de rasgos.
La PCL-R (Psychopathy Checklist-Revised, Hare, 1991, revisada en 2003) sigue siendo la herramienta de referencia para la evaluación de la psicopatía. Sus 20 ítems, puntuados de 0 a 2, producen una puntuación sobre 40. El umbral diagnóstico se fija en 30 en Norteamérica y en 25 en Europa. La utilizaremos sistemáticamente para los perfiles reales.
Las Adverse Childhood Experiences (ACE), desarrolladas por Felitti y Anda (1998), permiten cuantificar el impacto del trauma del desarrollo — un factor omnipresente en las trayectorias mafiosas.
La teoría del apego (Bowlby, 1969; Ainsworth, 1978; Main y Hesse, 1990) ilumina las dinámicas relacionales en el seno de las organizaciones criminales, donde la lealtad tribal sustituye a menudo al apego seguro ausente en la infancia.
Estructura del análisis
El libro se divide en cinco partes.
La Parte 1 sienta las bases teóricas. Antes de analizar a individuos, hay que comprender los mecanismos psicológicos comunes a todos los perfiles mafiosos: la compartimentación, la lealtad tribal, la racionalización, el trauma fundador y el narcisismo como motor. A continuación exploraremos el espectro de la psicopatía, el código de honor como moral paralela, y la infancia como caldo de cultivo de la criminalidad organizada.
La Parte 2 analiza siete perfiles reales: Al Capone, Pablo Escobar, Lucky Luciano, Griselda Blanco, Totò Riina, John Gotti y El Chapo. Para cada uno propondremos hipótesis diagnósticas argumentadas y una puntuación PCL-R estimada.
La Parte 3 disecciona cinco personajes de ficción emblemáticos: Tony Soprano, Michael Corleone, Walter White, Tommy Shelby y Gustavo Fring. El objetivo no es «diagnosticar» a personajes de ficción, sino analizar lo que sus arcos narrativos revelan sobre nuestra comprensión colectiva de la psicología criminal.
La Parte 4 se centra específicamente en las mujeres en la mafia —esposas, cómplices y jefas—, un ángulo sistemáticamente poco analizado en la literatura.
La Parte 5 amplía el marco: por qué nos fascina la mafia, y qué palancas psicológicas existen para prevenir el reclutamiento mafioso.
Una nota metodológica
El análisis retrospectivo de personalidades históricas es un ejercicio delicado. No disponemos de entrevistas clínicas, ni de anamnesis completas, ni de pruebas psicométricas. Disponemos de biografías —a menudo hagiográficas o demonizadoras—, de testimonios judiciales, de memorias de arrepentidos y, a veces, de peritajes psiquiátricos parciales.
Cada hipótesis diagnóstica se presentará, por tanto, como lo que es: una hipótesis. Utilizaremos sistemáticamente formulaciones condicionales: «rasgos compatibles con», «perfil evocador de», «puntuación PCL-R estimada entre X e Y». El rigor clínico lo exige.
Dicho esto, el ejercicio no es en vano. El análisis retrospectivo es un método reconocido en psiquiatría forense y en psicología histórica. Se ha aplicado a figuras tan diversas como Adolf Hitler (Langer, 1943), Vincent van Gogh (Blumer, 2002) y Steve Jobs (Isaacson, 2011). El objetivo no es el diagnóstico definitivo, sino la comprensión de las dinámicas psicológicas en juego.
El hilo conductor: la normalidad del mal
Si este libro tiene una tesis, es esta: los mafiosos no son monstruos. Son seres humanos cuyo funcionamiento psicológico puede describirse, analizarse y —en cierta medida— comprenderse con las herramientas de la psicología clínica.
Esta tesis no es una excusa. Comprender no es excusar. Un psiquiatra que explica los mecanismos neurocognitivos de un asesino en serie no «justifica» sus crímenes. Hace inteligible el fenómeno.
Hannah Arendt hablaba de la «banalidad del mal» a propósito de Adolf Eichmann. En el mundo mafioso, el mal no es banal — es sistémico. Está integrado en estructuras organizativas, códigos culturales, dinámicas familiares. Se transmite de generación en generación, como un patrimonio genético del crimen.
Es esa mecánica la que vamos a desmontar, engranaje por engranaje.
Empecemos.
Capítulo preliminar — ¿Qué es la mafia? Definiciones y distinciones
Antes de entrar en la mente de los capos, hay que nombrar con precisión aquello de lo que hablamos. El término «mafia» se ha convertido en un cajón de sastre que el lenguaje corriente aplica indistintamente a toda forma de criminalidad organizada. Es un error. La mafia, los cárteles, las bandas y las tríadas son fenómenos distintos — por su estructura, su cultura, su relación con el poder y su psicología.
La Mafia — el Estado dentro del Estado
La palabra mafia designa originalmente a la Cosa Nostra siciliana, nacida en los latifundios de la Sicilia rural del siglo XIX. Etimológicamente, el término procedería del árabe mahyâs (fanfarronería) o del siciliano mafiusu (bello, audaz, seguro de sí mismo).
Definición clínica: La mafia es una organización criminal fundada en vínculos familiares o pseudofamiliares, un código de honor ritualizado (la omertà), un control territorial y una capacidad para sustituir al Estado en las funciones de protección, justicia y redistribución económica.
Orígenes históricos: La Cosa Nostra emerge en la Sicilia posfeudal de comienzos del siglo XIX, cuando el hundimiento del sistema de los latifundios deja un vacío de poder en el campo. Los gabelloti —intermediarios entre los grandes propietarios ausentes y los campesinos— se convierten en los primeros protectores autoproclamados. La unificación italiana de 1861 agrava el fenómeno: el nuevo Estado centralizado es percibido como un ocupante extranjero por los sicilianos, y las estructuras mafiosas se refuerzan como contrapoder local. El primer uso documentado del término «mafia» aparece en 1863 en la obra de teatro I mafiusi di la Vicaria de Giuseppe Rizzotto. En 1876, el diputado Leopoldo Franchetti publica el primer informe parlamentario que identifica la mafia como un sistema de poder paralelo — no simplemente una banda de bandoleros.
Figuras emblemáticas: Don Vito Guiliano no es un mafioso en sentido estricto, pero es Don Vito Guiliano (1943-1950) quien encarna la ambigüedad siciliana entre el bandolerismo social y el crimen organizado. Don Calogero Vizzini (1877-1954), el «último de los grandes dones rurales», reinó sobre Villalba durante cuatro décadas repartiendo favores y castigos con la regularidad de un funcionario. En Estados Unidos, Lucky Luciano (1897-1962) reestructuró la Cosa Nostra estadounidense creando la Comisión en 1931, transformando un archipiélago de bandas violentas en una corporación del crimen. Carlo Gambino (1902-1976), el padrino discreto por excelencia, dirigió su familia durante dos décadas sin alzar nunca la voz — y sin pasar jamás un solo día en prisión por asesinato.
Hecho destacado: El 23 de mayo de 1992, el juez Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo y tres guardaespaldas mueren en el atentado de Capaci — 500 kilos de TNT colocados bajo la autopista A29, cerca de Palermo. Cincuenta y siete días más tarde, el 19 de julio, su colega Paolo Borsellino es asesinado en la via Amerigo Vespucci de Palermo por un coche bomba. Ambos atentados, ordenados por Salvatore «Totò» Riina, marcan el paroxismo de la estrategia de confrontación directa con el Estado — y su punto de ruptura. La indignación pública que sigue desencadena el Maxiproceso de Palermo (1986-1992, 475 acusados, 360 condenas) y el hundimiento del pacto de no agresión entre mafia e instituciones.
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