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Cuando no es el síndrome: entornos que fabrican la ilegitimidad


Casi todo lo que se escribe sobre el síndrome del impostor supone lo mismo: que la persona se equivoca sobre sí misma y que hay que corregir su lectura. A menudo es cierto. No siempre lo es, y el error inverso sale caro.

Hay situaciones en las que el sentimiento de ser ilegítimo, de no estar nunca en su sitio, de no merecer estar ahí, es una lectura exacta de un funcionamiento real. La persona percibe correctamente algo que su entorno le pide considerar como una fragilidad personal.

Un recordatorio necesario, aquí más que en ningún otro sitio: el síndrome del impostor no es ni un diagnóstico ni una enfermedad, y no figura en ninguna clasificación. Es una experiencia subjetiva descrita en 1978 por Clance e Imes; por tanto, algo que puede estar fundado o no, según el contexto.

En el artículo que sigue abordo los entornos laborales que producen un sentimiento de ilegitimidad. Si te reconoces en este tema, los tests de la plataforma permiten hacer balance.

1. El retorno únicamente negativo

Hay equipos en los que solo oyes hablar de tu trabajo cuando algo falla. Sin reconocimiento, sin retorno positivo, sin un «estuvo bien»; no por severidad deliberada, sino porque nadie instaló nunca esa costumbre.

En un entorno así, el único balance disponible está hecho de reproches. Alguien que produce un trabajo excelente acumulará, en tres años, una serie exclusivamente negativa. Su conclusión sobre sí mismo será falsa, pero su inventario será exacto.

Es la configuración más frecuente y la peor identificada, porque no incluye ninguna conducta hostil. Nadie ha hecho nada. Es la ausencia la que produce el efecto.

2. Los criterios que se mueven

La evaluación se apoya en expectativas que no se enuncian de antemano, o que cambian entre el momento en que se pide el trabajo y el momento en que se entrega.

El efecto es muy particular: se vuelve imposible saber si uno lo ha hecho bien. No por falta de confianza, sino por falta de información. Todo acierto es provisional, porque un criterio nuevo puede degradarlo retrospectivamente.

Lo que la psicología del trabajo llama justicia procedimental describe justamente este punto: no es la severidad de una evaluación lo que daña, es su carácter infundado e incontestable. Un entorno sin criterios estables fabrica dudas en gente que no las tenía.

3. La exclusión de los circuitos de información

Te enteras de las decisiones después que todos. Descubres un cambio de prioridades en una reunión. No te ponen en copia de intercambios que afectan a tu propio ámbito.

La consecuencia es mecánica: llegas sistemáticamente mal preparado, respondes fuera de lugar, propones cosas ya decididas en otra parte. Desde fuera parece incompetencia. Desde dentro se vive como la confirmación de una ilegitimidad.

Probablemente sea la configuración más injusta de las cinco, porque produce realmente los efectos que después se le reprochan a la persona.

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4. Ser el único

La única mujer de un comité, el único junior de un equipo veterano, la única persona con otra formación de origen, el único perfil no técnico entre ingenieros.

Se suman dos efectos. Primero, cualquier desviación se atribuye a la categoría y no a la persona: una vacilación pasa a ser representativa. Segundo, no existe referencia de comparación: no puedes saber qué es normal a tu nivel, porque nadie está a tu nivel.

A eso se añade una carga invisible: la sensación de representar a más gente que a uno mismo. Cansa, y no tiene nada de imaginaria.

5. El equipo donde nadie se siente seguro

Los trabajos de Amy Edmondson sobre seguridad psicológica describen equipos donde preguntar, señalar un error o decir «no lo sé» tiene un coste. Ese coste puede ser mínimo — un suspiro, un comentario en una reunión — pero basta para instalar el silencio.

En esos equipos, cada cual esconde sus zonas de incertidumbre. Resultado: todo el mundo cree ser el único que no domina, ya que nadie muestra nunca nada.

El punto decisivo es este: en un equipo así, el sentimiento de ilegitimidad es compartido e invisible. Cada uno lo vive como una particularidad personal. Es una característica del grupo.

Por qué la distinción lo cambia todo

Cuando la lectura está fabricada por la duda, trabajar sobre los mecanismos de interpretación produce efectos. Cuando es el entorno, no produce ninguno, y añade algo peor.

Lectura fabricadaEntorno responsable
Trabajar las propias interpretacionesÚtilSin efecto
Efecto secundarioNingunoAñade un fracaso personal a una situación ya costosa
Lo que ayuda de verdadHechos externos y fechadosUna decisión: negociar, cambiar de ámbito, irse

Ese es el coste real de la confusión. Alguien que está en un entorno que fabrica ilegitimidad, y a quien se aconseja trabajar su confianza, fracasará, y leerá ese fracaso como una confirmación añadida. El consejo bienintencionado se convierte en un agravante.

Cómo distinguirlos: señales que pesan

Ninguna regla lo zanja con certeza, pero algunas observaciones orientan mucho.

¿Apareció el sentimiento con este puesto? Una ilegitimidad que empieza justo al llegar a un servicio, con un responsable, en un equipo, y que antes no existía, señala al contexto más que a la persona. ¿Lo viven otros? Si varias personas del mismo servicio describen lo mismo, no es una casualidad de caracteres. La rotación. Tres salidas en dos años del mismo puesto es información mayor, y no habla de ti. ¿Qué pasa en otros sitios? En un proyecto transversal, con otro departamento, en una actividad asociativa: ¿te sigue el sentimiento o se queda en la puerta de la oficina? ¿Hay algún hecho de descargo que nunca hayas contado? Es la prueba más útil, y la más difícil de hacer en solitario.

Qué muestra un registro externo en este caso

Un registro de hechos fechados, construido a partir de intercambios profesionales reales, es el único instrumento que responde a esta pregunta sin depender de quien la formula. Ese es el segundo objetivo de ScanMyJob: destacar lo que contradice la lectura de quien lo pide tanto como lo que la confirma.

En los casos descritos aquí, el registro a menudo confirma, y ahí está justamente su valor. Una cronología hace aparecer lo que la memoria no puede sostener: la fecha en que una información dejó de llegarte, la serie completa de los retornos a lo largo de doce meses y su composición, el momento en que un ámbito se redujo sin que nadie anunciara nada, la diferencia entre dos tratos comparables.

No son impresiones. Están fechados y vuelven visible una regularidad que ninguna introspección puede establecer. La galería de ejemplos muestra cuatro registros reales, incluidos casos en los que el registro contradice a quien lo pidió, en un sentido o en el otro.

Y cuando el registro no confirma, se plantea la otra pregunta: la de la sobreinterpretación, que se trata de forma muy distinta.

El error de lectura inverso

Hay que ser honesto con el riesgo simétrico. Atribuir al entorno lo que corresponde a un ajuste personal también tiene un coste: inmoviliza y priva de una palanca real.

Dos salvaguardas sencillas. La primera: una configuración de las descritas aquí debe ser fechable y repetida, no solo sentida. La segunda: debe resistir el examen de alguien ajeno al servicio, que no tenga a nadie a quien cuidar.

Tampoco es siempre lo uno o lo otro. Un entorno deficiente y una lectura amplificada coexisten con mucha frecuencia, y la relación entre competencia real y sensación de competencia se trata aparte.

Lo que este artículo no hace

No califica tu situación, y desde luego no la califica jurídicamente. Algunas de las configuraciones descritas aquí pueden, según su intensidad y su repetición, entrar en otros marcos: esa pregunta se le hace a un profesional del derecho, no a un artículo.

No emite ningún diagnóstico: no hay nada que diagnosticar, no es una enfermedad.

Y no sustituye a una valoración profesional. Si tu sueño, tu alimentación o tu estado general se han modificado de forma duradera en este contexto, es un asunto de salud laboral. Esos servicios suelen poder contactarse directamente, sin pasar por la empresa, y están sujetos al secreto profesional.

En resumen: Casi todo el discurso habitual sobre la duda de legitimidad descansa en un supuesto que rara vez se enuncia: que el sentimiento es falso y que la persona se equivoca sobre sí misma. No siempre es así. Algunos entornos producen un sentimiento de ilegitimidad perfectamente fundado, y entonces se trata de una lectura correcta y no de una distorsión: retornos siempre negativos y nunca positivos, criterios de evaluación que se mueven, exclusión progresiva de los circuitos de información, ser el único de tu tipo en la sala, un equipo donde nadie se siente seguro para preguntar. La consecuencia práctica es enorme: cuando es el entorno, trabajar sobre uno mismo no puede nada, y añade una capa de fracaso personal a una situación ya costosa. Este artículo describe esas cinco configuraciones, qué las distingue de una lectura fabricada por la duda y por qué esa distinción exige hechos externos. El síndrome del impostor no es ni una enfermedad ni un diagnóstico.
Gildas Garrec, Psychopraticien TCC

A propos de l'auteur

Gildas Garrec · Psychopraticien TCC

Psychopraticien certifie en therapies cognitivo-comportementales (TCC), auteur de 16 ouvrages sur la psychologie appliquee et les relations. Plus de 1000 articles cliniques publies sur Psychologie et Serenite.

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