Aitana Bonmatí y el fútbol femenino: lo que dice la psicología del deporte
El debate sobre qué hace a un gran jugador de fútbol convoca casi siempre los mismos nombres, casi todos masculinos. No es que la investigación en psicología del deporte tenga menos que decir sobre las jugadoras; es que el relato mediático, durante décadas, les dejó menos espacio para comprobarlo. Tres trayectorias documentadas en el libro En la mente de los campeones del fútbol —Aitana Bonmatí, Ada Hegerberg y Marta Vieira da Silva— permiten, sin embargo, comprobar, punto por punto, que los mecanismos que cuentan no cambian de naturaleza según el sexo de quien los atraviesa.
El mismo método, el mismo resultado
El capítulo del libro dedicado a la pericia perceptiva —esa capacidad de leer una jugada antes de que termine de formarse, medida por la investigación mediante el seguimiento de los movimientos oculares y el reconocimiento de configuraciones tácticas— muestra que esta competencia se adquiere mediante una exposición masiva y prolongada a un juego suficientemente variado, más que mediante la repetición de ejercicios estandarizados. La cantera del FC Barcelona, La Masia, construyó su método sobre este principio: los juegos de equipos reducidos y los ejercicios de posesión en espacio limitado, conocidos comúnmente como rondos, ocupan un lugar central desde muy corta edad, con una filosofía resumida a menudo en una frase: el juego en sí es el mejor profesor, y el papel del entrenador consiste en diseñar situaciones de juego relevantes más que en dirigir cada gesto.
Aitana Bonmatí, centrocampista española y triple ganadora del Balón de Oro femenino, se incorporó a esa misma academia a los catorce años, donde se formó en las mismas categorías juveniles que muchos de sus homólogos masculinos. Su trayectoria, marcada por una lectura del juego y una capacidad para encontrar el espacio libre destacadas de forma constante en el análisis de su rendimiento, ilustra un punto que la investigación establece sin ambigüedad: el mecanismo descrito en este capítulo —una pericia perceptiva construida mediante una exposición intensiva a los juegos reducidos— no depende de ninguna característica propia del fútbol masculino. El mismo método, aplicado en el mismo centro, produce el mismo tipo de competencia en una jugadora formada con los mismos principios.
El mismo tipo de mecanismo individual, multiplicado por once jugadoras a la vez, es lo que la psicología del deporte identifica detrás de la mentalidad colectiva de una selección nacional.Dos hermanas, una misma trayectoria, una pregunta poco frecuente
El capítulo del libro dedicado al papel del entorno muestra que este papel importa, ante todo, porque determina si un niño permanece en su deporte el tiempo suficiente para que su potencial tenga ocasión de manifestarse, mucho antes de determinar la calidad de ese potencial en sí. Ada Hegerberg, primera mujer en ganar el Balón de Oro, en 2018, creció en una familia donde el deporte de alto nivel era una realidad compartida más que un proyecto centrado en un único hijo: su padre fue futbolista profesional, su madre representó a Noruega en balonmano internacional, y su hermana mayor, Andrine, llevó ella misma una carrera de futbolista profesional, junto a Ada en los mismos clubes de cantera antes de que sus caminos se separaran en el nivel sénior.
Esta configuración ilustra una variante de un mecanismo documentado en otra parte del libro a propósito de la transmisión de un modelo familiar: la exigencia deportiva como norma compartida más que como proyecto exclusivo depositado en un único hijo. Plantea también una pregunta que la investigación aborda con menos frecuencia que el caso, más estudiado, del hijo único en el que los padres invierten: ¿qué ocurre cuando varios hijos de una misma familia siguen simultáneamente una trayectoria deportiva exigente? Los recursos de una familia —tiempo disponible, medios económicos, atención emocional tras un mal resultado— no son extensibles al infinito, y su reparto entre varios hijos comprometidos con la misma disciplina puede convertirse, si no se gestiona con cuidado, en una fuente de comparación que se suma a la propia presión deportiva. Nada en los elementos públicos disponibles sobre la familia Hegerberg permite afirmar cómo se vivió concretamente ese reparto entre las dos hermanas; lo que la investigación permite establecer, de forma más modesta, es que esta configuración cambia la naturaleza del reto parental, sin volverlo por ello más difícil ni más favorable en sí mismo.
Cuando el lugar de nacimiento no determina solo los recursos, sino la existencia misma de una vía
Otro capítulo del libro, dedicado a los factores que escapan por completo a la voluntad de un niño, muestra que el lugar de nacimiento importa con independencia de quién sea uno: el tamaño de la ciudad de origen influye estadísticamente en las posibilidades de llegar al nivel profesional, porque determina el acceso a una formación de calidad y a una presión razonable sobre los recursos disponibles. El caso de Marta Vieira da Silva, seis veces ganadora del Balón de Oro femenino, ilustra una variante más radical de este mismo factor. Marta creció en Dois Riachos, un pequeño municipio de unos diez mil habitantes en el interior del estado de Alagoas, en el noreste de Brasil, donde no existía ningún equipo de fútbol femenino. Ella misma ha declarado públicamente haber sido excluida de los campeonatos organizados para los niños, y que algunos adultos de su entorno sugirieron a su madre que le prohibiera un deporte considerado, en aquel momento y en aquel lugar, reservado a los hombres.
Este caso no responde al mismo mecanismo que el del tamaño óptimo de una ciudad identificado por la investigación para explicar las trayectorias masculinas; ilustra una versión más radical del mismo principio general: el lugar donde se nace puede no solo ofrecer más o menos recursos, también puede determinar si existe o no una vía para toda una categoría de niños, con independencia de su talento. Para Marta, esta ausencia de vía no se tradujo solo en una falta de infraestructuras; se tradujo en una exclusión activa, enteramente ajena a sus cualidades personales.
Lo que estas tres trayectorias tienen en común, y lo que no
Estas tres trayectorias no se parecen entre sí: un método de entrenamiento, una configuración familiar, una exclusión estructural son tres cosas de naturaleza radicalmente distinta. Lo que comparten es la confirmación de un principio que la investigación establece con el mismo rigor para las jugadoras que para los jugadores: lo que distingue una trayectoria excepcional de una trayectoria más modesta depende de un conjunto de mecanismos psicológicos y de circunstancias documentadas, nunca de una característica ligada al sexo. Una parte de lo que permitió a Aitana Bonmatí desarrollar su pericia perceptiva se debe a un método de entrenamiento, accesible a cualquier niño que tenga acceso a él. Una parte de lo que permitió a Marta convertirse en una de las mejores jugadoras de la historia se debe a su capacidad para atravesar una exclusión que la investigación nunca presenta como un ingrediente deseable del éxito, sino como un obstáculo que superó a pesar de todo, un obstáculo que la gran mayoría de las niñas en la misma situación, muy probablemente, nunca tuvieron ocasión de superar, por no haber tenido siquiera el derecho a intentarlo.
Este último punto merece repetirse con la misma firmeza que en el resto del razonamiento de este libro: la trayectoria de Marta no demuestra que la exclusión forje el carácter. Solo demuestra que, en su caso, no se lo impidió, algo completamente distinto, y mucho más modesto, que una lección general sobre la adversidad.
Lo que esto cambia para una joven jugadora hoy
Los mecanismos detallados en el libro En la mente de los campeones del fútbol —la práctica deliberada, la pericia perceptiva, la respuesta a la adversidad, la regulación emocional, la identidad más allá del rendimiento— se aplican a cualquier jugador en formación, sin distinción de sexo, porque describen mecanismos psicológicos generales, no trayectorias masculinas a las que los recorridos femeninos debieran ajustarse después. Lo que ha cambiado, en la práctica, en los últimos años, no es la naturaleza de estos mecanismos; es el acceso a las estructuras —academias, canteras, competiciones organizadas— que permiten que esos mecanismos se expresen. La trayectoria de Aitana Bonmatí en La Masia es la prueba directa de ello: cuando la estructura existe y es accesible, el mismo método produce el mismo tipo de competencia, sea cual sea el sexo del niño o la niña que la atraviesa.
En resumen: Los mecanismos psicológicos que la investigación identifica como distintivos de las grandes carreras futbolísticas —la pericia perceptiva construida por el juego reducido, el papel protector o fragilizador del entorno, el peso de las circunstancias de nacimiento— no dependen de ninguna característica propia del fútbol masculino. La trayectoria de Aitana Bonmatí en La Masia, la de Ada Hegerberg en una familia donde el deporte de alto nivel se repartía entre hermanas, y la de Marta Vieira da Silva, que tuvo que luchar simplemente por el derecho a jugar, ilustran cada una un mecanismo documentado por la investigación, y recuerdan, cada una a su manera, que una parte de lo que distingue una trayectoria excepcional depende de circunstancias que escapan por completo a la voluntad de la jugadora.

A propos de l'auteur
Gildas Garrec · profesional TCC
Psychopraticien certifie en therapies cognitivo-comportementales (TCC), auteur de 16 ouvrages sur la psychologie appliquee et les relations. Plus de 1000 articles cliniques publies sur Psychologie et Serenite.
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