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Un protocolo TCC de 8 semanas para futbolista amateur: lo que puede aportar de verdad


Un jugador amateur o un joven en formación no suele tener acceso a ningún preparador mental, a diferencia de las estructuras profesionales, que hoy los incorporan cada vez más. Esto no significa que las herramientas de la terapia cognitivo-conductual, ampliamente validadas en otros contextos clínicos, le resulten inaccesibles. Un protocolo de ocho semanas, detallado en el libro En la mente de los campeones del fútbol, propone una versión estructurada y autónoma de este trabajo, construida a partir de seis competencias que la investigación en psicología del deporte identifica de forma coherente en los deportistas que progresan.

Cuatro herramientas de TCC, trasladadas al terreno

Este programa se apoya en cuatro principios clásicos de la terapia cognitivo-conductual. La autoobservación mediante cuaderno hace visible lo que, sin ella, queda difuso u olvidado: un pensamiento recurrente después de un partido flojo, un momento preciso en que la atención se desvía durante el entrenamiento. La reestructuración cognitiva sustituye un juicio automático global («soy malo», «no tengo mentalidad») por una observación fechada y precisa, apoyada en un hecho más que en una impresión. El experimento conductual pone a prueba en la realidad una hipótesis sobre uno mismo en lugar de dejarla como una simple creencia: predecir la respuesta de un entrenador antes de recibirla, por ejemplo, para medir la distancia entre el propio juicio y el de un observador externo. La exposición gradual, por último, acostumbra progresivamente al sistema nervioso a una presión creciente, en un marco donde el fallo no tiene consecuencia real, antes de encontrarse con esa presión en situación de partido.

Este programa no promete ningún resultado deportivo. Promete una progresión medible en seis competencias psicológicas precisas, documentada por el propio jugador en su propio cuaderno, semana tras semana, concebido para un uso autónomo, aunque su eficacia se refuerza con el acompañamiento de un formador, un preparador mental o un profesional formado en TCC, especialmente en las últimas semanas.

Por qué empezar por la atención antes que por el rendimiento

El orden de las semanas no es arbitrario. El control de la distracción y la conciencia de uno mismo van primero porque producen, ambos, la materia prima de observación que las siguientes competencias necesitan para trabajarse con precisión: no se puede evaluar el propio rendimiento con justeza, ni ajustar la propia práctica, sin haber desarrollado antes un mínimo de capacidad para notar lo que realmente ocurre, en el instante, sin dejarse arrastrar por el primer juicio que llegue.

Semana 1 — el control de la distracción. En cada sesión, el ejercicio consiste en detectar el momento exacto en que la atención se desvía —un comentario, un pensamiento sobre un error pasado, un ruido externo— y devolverla conscientemente a la tarea. El criterio para pasar a la semana siguiente no es la ausencia de distracción, sino la capacidad de identificar, sin esfuerzo de memoria, el tipo de distracción que reaparece con más frecuencia. Semana 2 — la conciencia de uno mismo. Al final de cada sesión, bastan dos minutos para responder por escrito a tres preguntas: ¿qué sentí físicamente en el momento más difícil? ¿Qué pensamiento volvía con más frecuencia? ¿Qué hice, en ese momento, en respuesta a ese pensamiento? El criterio para avanzar es notar un vínculo recurrente entre un pensamiento concreto y un comportamiento concreto.

El núcleo del programa: medir, apuntar, sostener

Semana 3 — la autoevaluación realista. Antes de recibir una valoración del entrenador, el jugador escribe lo que anticipa que le van a decir, y lo que teme que esa observación signifique sobre su nivel si es negativa. Después la compara con la valoración real. Este experimento conductual, repetido a lo largo de cuatro partidos, suele revelar un sesgo sistemático —una severidad o una indulgencia excesiva hacia uno mismo— más útil de corregir, de inmediato, que cualquier ajuste técnico. Semana 4 — la calidad de la práctica. Antes de cada sesión, una frase escrita fija el único punto que esa sesión debe trabajar. Al final, una comprobación honesta establece si ese punto se trabajó realmente, o si la sesión derivó hacia lo que ya se dominaba: un desliz extremadamente frecuente y rara vez advertido sin esta comprobación escrita. Esta semana se apoya directamente en la investigación sobre la práctica deliberada, que muestra hasta qué punto la calidad de una sesión pesa más que su duración. Semana 5 — el compromiso sostenido en el tiempo. Apuntar a un punto débil no siempre produce un progreso visible con rapidez; de hecho, es la norma más que la excepción. Esta semana no trabaja una técnica, sino la capacidad de mantenerse comprometido a pesar de esta ausencia de progreso visible, identificando un recurso concreto y recurrente, no una fórmula vaga como «la voluntad», sino un elemento preciso: un objetivo escrito en algún sitio, un ritual, una persona, un hábito.

La competencia más exigente, reservada para el final

Semana 6 — la regulación bajo presión. Esta competencia es, de todo el programa, la que más exige de las cinco semanas anteriores: una atención ya entrenada para no dispersarse, una capacidad para observar las propias reacciones, un juicio más fiable sobre el propio rendimiento, una práctica orientada a lo que cuenta, y la perseverancia necesaria para sostener un esfuerzo sin resultado inmediato. El ejercicio consiste en entrenar, una vez por semana, en condiciones deliberadamente degradadas —ruido añadido, tiempo reducido, espectadores adicionales—, nombrando por escrito, antes del ejercicio, el pensamiento que acompaña la carga emocional, y reformulándolo después de forma más realista. Esta regulación se apoya en la reevaluación cognitiva más que en la mera supresión de la emoción, una distinción importante, ya que la investigación muestra que contener una emoción sin cambiar su interpretación sale caro con el tiempo y cede más fácilmente justo en el momento en que sería más necesaria. Semana 7 — consolidación y prevención de la recaída. Esta última semana consiste en releer todo el cuaderno desde el principio, e identificar, para cada una de las seis competencias, un progreso medible, por modesto que sea. Es normal, y esperable, que ninguna de las seis competencias se haya vuelto perfecta en siete semanas: el objetivo realista es un desplazamiento medible, no una transformación total.

Lo que un padre puede aportar, sin sustituir al jugador

Este programa se dirige, ante todo, al propio jugador, pero un padre, madre o formador puede desempeñar un papel concreto, distinto del de un entrenador técnico. La investigación sobre el papel de la familia en el desarrollo deportivo muestra que una implicación parental positiva se asocia al mantenimiento en el deporte, más que al rendimiento inmediato, y que la manera en que un niño percibe la implicación de su padre o madre suele importar más que esa implicación en sí misma. En la práctica, esto significa dejar en manos del jugador la responsabilidad de rellenar su propio cuaderno en lugar de hacerlo por él o de controlarlo, hacer preguntas neutras después de un partido en lugar de comentar sistemáticamente el rendimiento, y acoger un relajamiento pasajero —es frecuente, al cabo de dos o tres semanas, saltarse una o varias entradas del cuaderno— no como un fracaso del programa, sino como un momento normal que simplemente pide retomarlo, sin volver a empezar de cero.

Lo que este protocolo no sustituye

Algunas señales indican que un acompañamiento profesional se vuelve útil más que opcional: un malestar que no disminuye pese a varias semanas de trabajo serio, pensamientos de desvalorización que persisten más allá del contexto deportivo, o una situación —lesión grave, no convocatoria repetida, conflicto familiar en torno al deporte— que supera con creces lo que un trabajo autónomo con un cuaderno puede tratar. Usar este protocolo no excluye hablar con un profesional de salud mental; ambas cosas se combinan de forma útil.

Lo que este programa sí ofrece, en cambio, no depende de ninguna circunstancia externa: un método para observar con más precisión la propia práctica, para juzgar el propio rendimiento con más justeza, y para atravesar un obstáculo encontrando en él una información en lugar de un veredicto. Esa parte pertenece al jugador, sea cual sea el club en el que juegue. El protocolo completo, con su cuadro de medición inicial, sus criterios de paso de una semana a otra y su cuadro de solución de problemas en caso de recaída después del programa, se detalla en el libro En la mente de los campeones del fútbol, junto a los dieciséis capítulos que explican cada uno de sus fundamentos de investigación.

En resumen: La terapia cognitivo-conductual (TCC) dispone de herramientas precisas —autoobservación mediante cuaderno, reestructuración cognitiva, experimento conductual, exposición gradual— que se trasladan directamente al fútbol amateur. Un protocolo de ocho semanas, construido en torno a seis competencias que la investigación relaciona con el desarrollo de la excelencia deportiva, permite a un jugador en formación, o al padre o madre que lo acompaña, trabajar de forma concreta lo que, en una trayectoria deportiva, depende realmente de él. Este protocolo no promete ningún resultado deportivo —ningún método puede prometerlo— sino una progresión medible en competencias psicológicas precisas, documentada semana a semana en un cuaderno.
Gildas Garrec, Psychopraticien TCC

A propos de l'auteur

Gildas Garrec · profesional TCC

Psychopraticien certifie en therapies cognitivo-comportementales (TCC), auteur de 16 ouvrages sur la psychologie appliquee et les relations. Plus de 1000 articles cliniques publies sur Psychologie et Serenite.

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